Si alguna vez has sentido que el corazón se te derrite ante la mirada de tu perro, con esos ojos grandes y expresivos, no es imaginación ni simple ternura. La ciencia confirma que esa expresión es el resultado de miles de años de evolución junto a los humanos.
Un músculo que lo cambió todo
En 2019, un equipo de investigadores de la Universidad de Portsmouth publicó un estudio que comparó la anatomía facial de perros domésticos y lobos grises. El hallazgo fue contundente: los perros desarrollaron de forma marcada un músculo facial que en los lobos está ausente o apenas presente.
Este músculo se llama Levator Anguli Oculi Medialis (LAOM) y es el responsable de levantar la parte interna de la ceja. Gracias a él, los perros pueden producir la expresión que muchos describen como “mirada de cachorro” o puppy eyes.
Perros vs. lobos: una diferencia clave
Al analizar y diseccionar rostros de ambas especies, los científicos encontraron que:
- Todos los perros estudiados tenían el LAOM bien desarrollado y funcional.
- Los lobos mostraban solo vestigios rudimentarios o carecían por completo de este músculo.
Esta diferencia no es menor. Permite a los perros generar expresiones faciales que los humanos interpretamos como vulnerabilidad, atención o necesidad de cuidado.
Evolución acelerada por la convivencia humana
Lo más llamativo es el tiempo en que ocurrió este cambio. La domesticación del perro comenzó hace aproximadamente 33,000 años, un periodo muy corto en términos evolutivos.
Durante generaciones, los perros que podían comunicarse mejor con los humanos —a través de gestos faciales más expresivos— tenían mayores probabilidades de recibir alimento, protección y cuidados. Estos individuos sobrevivían más y se reproducían con mayor éxito, transmitiendo esa característica a su descendencia.
Sin proponérnoslo, los humanos fuimos seleccionando perros cada vez más hábiles para conectar con nosotros emocionalmente.
Lo que pasa en tu cerebro cuando te mira
La historia no termina en el rostro del perro. Diversos estudios han demostrado que cuando un perro realiza esta expresión facial, en los humanos se activa la liberación de oxitocina, la hormona relacionada con el vínculo afectivo, la confianza y el apego.
Es la misma hormona involucrada en la relación entre madres y bebés. Por eso, reaccionamos de forma casi automática: nos acercamos, hablamos con voz suave y queremos proteger.
No es manipulación, es comunicación
Es importante aclararlo: tu perro no te está engañando. No hay cálculo consciente detrás de esa mirada. Se trata de una forma de comunicación que evolucionó porque fortalecía la relación humano–perro.
Tu perro no solo te acompaña: su cuerpo, su rostro y su manera de mirarte son el resultado de miles de años de adaptación para convivir contigo.
Entender para cuidar mejor
Conocer estos procesos nos ayuda a relacionarnos con los perros desde un lugar más informado y respetuoso. No se trata de humanizarlos, sino de comprender cómo su biología y nuestra historia compartida dieron forma a uno de los vínculos más profundos entre especies.
En Best Friends creemos que el bienestar animal comienza con el conocimiento. Entender cómo y por qué nuestros perros se comunican con nosotros es una herramienta poderosa para cuidarlos mejor.
¿Quieres saber más? Aquí puedes encontrar el estudio completo.






