La decisión tardía de acudir al veterinario es un fenómeno frecuente que puede influir directamente en el pronóstico clínico y el bienestar animal. Un estudio reciente publicado en la revista científica PLOS ONE analizó cómo los tutores de perros deciden cuándo buscar atención veterinaria y qué factores influyen en la percepción de urgencia clínica.
Lo visible se reconoce; lo complejo se subestima
La investigación, desarrollada por académicos del Royal Veterinary College, utilizó un método basado en viñetas clínicas: escenarios breves que describían signos y antecedentes médicos asociados a enfermedades frecuentes en perros.
En total participaron 1,772 tutores, quienes evaluaron 5,316 casos simulados e indicaron qué enfermedad creían que estaba presente y con qué urgencia acudirían al veterinario. Sus respuestas fueron posteriormente comparadas con el consenso de un panel de médicos veterinarios.
Los tutores identificaron con mayor precisión enfermedades con signos externos evidentes, como:
- epilepsia
- infestación por pulgas
- tos de las perreras
- osteoartritis
Sin embargo, mostraron mayor dificultad para reconocer patologías con signos variables o menos evidentes, entre ellas:
- tumor de mastocitos
- glaucoma
- cuerpo extraño gastrointestinal
Estos hallazgos sugieren que muchos tutores dependen principalmente de señales clínicas visibles para interpretar la gravedad de un problema de salud.
La urgencia clínica también se subestima
Uno de los hallazgos más relevantes fue la tendencia a subestimar la urgencia de atención veterinaria.
Los participantes subestimaron la urgencia en 28.4 % de los casos, en comparación con la evaluación realizada por veterinarios.
En algunos escenarios, el desacuerdo superó el 50 %, particularmente en casos como la otitis externa, donde muchos tutores consideraron menos urgente una condición que requería atención médica temprana.
Desde la perspectiva del bienestar animal, estos retrasos potenciales pueden traducirse en:
- diagnósticos tardíos
- mayor sufrimiento animal
- progresión de la enfermedad
- resultados clínicos menos favorables
El papel de las fuentes de información en la toma de decisiones
El estudio también analizó dónde buscan información los tutores para interpretar los signos clínicos.
Las fuentes más utilizadas fueron:
- conocimiento previo o experiencia personal (≈74 %)
- contacto directo con la clínica veterinaria (≈61 %)
- búsquedas en internet (≈49 %)
Un hallazgo relevante fue que el uso habitual de grupos generales de perros en línea se asoció con menor precisión diagnóstica y mayor probabilidad de subestimar la urgencia clínica.
En contraste, los tutores que consultaban directamente con su clínica veterinaria tendieron a evaluar la urgencia de manera más alineada con el criterio profesional.
Implicaciones para la práctica veterinaria
Los autores concluyen que reconocer la urgencia clínica puede ser más relevante que identificar correctamente una enfermedad específica, ya que el diagnóstico preciso corresponde al médico veterinario.
A partir de estos hallazgos, sugieren fortalecer estrategias educativas enfocadas en:
- identificar signos de alerta que requieren atención veterinaria
- mejorar la alfabetización en información sanitaria
- promover el uso de fuentes confiables
- fortalecer la relación entre tutores y clínicas veterinarias
Asimismo, proponen explorar herramientas como:
- telemedicina veterinaria
- triage remoto
- plataformas digitales con información validada
Estas estrategias podrían favorecer decisiones más oportunas y mejorar los resultados clínicos.
Más allá de la capacidad del tutor para reconocer enfermedades específicas, este estudio señala un desafío estructural en la práctica clínica: la interpretación de los signos clínicos y la percepción de urgencia.
En el ejercicio cotidiano, esto se traduce en un fenómeno ampliamente reconocido por los médicos veterinarios: pacientes que llegan tarde no necesariamente por negligencia, sino por una lectura incorrecta de la gravedad del problema.
Comprender esta brecha puede abrir oportunidades para fortalecer la comunicación clínica, optimizar la educación preventiva y mejorar la toma de decisiones compartidas entre tutores y profesionales veterinarios.






